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El Muro dentro de nuestras cabezas.




“Berlín antes de la caída del Muro es una ciudad dividida, pero sus residentes comunes encuentran formas de sobrevivir en ambos lados.” Así comienza la sinopsis del libro “El saltador del Muro” de Peter Schneider.


Este, es ese tipo de libros en los que encuentras simplicidad y complejidad al mismo tiempo. Personalmente, diría que contienen un balance exquisito y son un excelente disparador que invitan a pensar y reflexionar ciertas cuestiones humanas, individuales y sociales.


Sabía que se avecinaba el aniversario por la caída del muro de Berlín y pensé en

finalmente leer este libro que tenía en lista. La idea, en principio, era leerlo casi como una fuente informativa, un archivo disfrazado de ficción. Al haber nacido en 1987 y en un lugar bastante alejado de Europa, la historia detrás de este hecho me ha sabido siempre a un agridulce entre lejano y cercano.


Así como las páginas iban pasando la idea de una revisión o análisis de “El saltador del Muro” fueron volcando a la idea de una nota de opinión. La revisión puede resumirse fácilmente en “debería ser leído y reflexionado”.


Hablaré de este libro porque en 112 páginas están claramente expuestos los resultados de las divisiones políticas en las sociedades. Siento que debo hablar de este libro porque en mi país natal, Argentina, existe hace décadas una "grieta" social provocada por desacuerdos políticos que se antepone a las relaciones humanas y que divide muy profundamente a más de 40 millones de habitantes. Hablo de este libro por las recientes elecciones en los Estados Unidos que tuvieron en vilo a gran parte del mundo.


La división que me hizo pensar en otras divisiones


Esta semana he puesto el foco en observar medios y redes sociales. Me ha entristecido profundamente. Nos veo como un instrumento tocando fuera de tiempo o desafiando.


¿Cómo es posible gozar de la capacidad de razonar y permitirnos actuar tan pasionalmente? La agresividad verbal y física en el que este mundo está consumiéndose confirma la letra de “Cambalache” el tango compuesto en 1934 por Enrique Santos Discépolo: “Qué falta de respeto, qué atropello a la razón. Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón.”



“Hoy resulta que es lo mismo

ser derecho que traidor,

ignorante, sabio, chorro

generoso o estafador...

¡Todo es igual!

¡Nada es mejor!

Lo mismo un burro que un gran profesor.”



Vivimos, no sólo en países o ciudades divididas. Vivimos en un mundo dividido y creo que estas divisiones nos alejan de cualquier objetivo que a nivel político se pueda proponer y, por el contrario, quedarán en un ideal utópico. Las divisiones nos alejan de la aceptación, principalmente, de las diferencias que nos destacan como individuos.


Por qué es importante hablar de aceptación


Sin aceptación no hay respeto y sin individuos íntegros no creo que forjemos sociedades sanas y exitosas.



No creo en conseguir paz y justicia con violencia desenfrenada de ningún tipo y no concibo la idea de politizar o incluso ponerle género a los actos de violencia. Considero que la política no debería auspiciar ni inspirar violencia. Pienso que la raza humana, toda, se encuentra en crisis y nos debemos como grupo asumir y pensar responsablemente acerca de estas cuestiones en profundidad y con compromiso.


En conclusión, hoy se recuerda un aniversario de la caída del muro de Berlín. Ese fue un hecho que devolvió la esperanza a muchos corazones. Hoy, el mundo entero está dividido con un muro mucho más imponente erguido a base de intolerancia, violencia, apatía, irresponsabilidad. Ese gigante está dentro de nuestras cabezas y ese tipo de muros, son los más peligrosos y difíciles de derribar. Pero deberíamos honorablemente intentarlo.


Paola Moreira


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